Nos olvidamos facil

Por:  Nicole A.

Por alguna razón se me ocurrió, casi de la nada, la frase “¿dónde está Julio López?” y después pensé en cuántas cosas nos olvidamos tan seguido, cosas que, si nos llegamos a acordar. es sólo en fechas especiales, que incluso muchas veces es porque los medios nos hacen acordar. Las Malvinas, las dictaduras (en Argentina hubo 6, ¿se acuerdan?), la hiperinflación, un bombardeo en Buenos Aires, el “Cordobazo”, el “Rosariazo”, el “Rodrigazo”, el 1 a 1, el corralito, o la tan conocida frase del “QUE SE VAYAN TODOS” (por no mencionar otras también muy célebres), en fín, muchas cosas. ¡Qué fácil es olvidarnos!

Sin embargo, no hay que confundir, no me estoy refiriendo a todos estos hechos como algo que hay que tener presente todo el tiempo, ni de lo que hay que preocuparse más que de otras cosas que pasan hoy, sino que “de la historia se aprende”, y mientras más estudio historia, leo a distintos autores y trato de relacionar hechos, más me doy cuenta de la falta de memoria del pueblo. En el caso argentino, es impresionante la facilidad que tenemos para olvidar. Somos una sociedad demasiado manipulable. Cualquiera con poder puede hacernos ir para el lado que prefiera, y en ésto el “cuarto poder” es un experto. ¿Y si tratamos de aprender en vez de que nos digan qué pensar?

La diferencia entre recordar y lo que algunos llaman “vivir en el pasado” está en lo que se acumula: conocimiento. La verdad es que somos un pueblo individualista. Nos preocupamos más por estar bien hoy nosotros que por lo que puede venir, y así cualquier político que llega al poder y nos cumple con esta condición nos mantiene felices y no cuestionamos, no importa qué perdemos por conseguir estabilidad ahora.

Ahora es cuando me acuerdo del gobierno de Menem, ahora me acuerdo de cómo quedó el país luego de que terminara su mandato. Ahora es cuando me acuerdo lo último que supe de este personaje, ahora me acuerdo de cómo apareció en los medios últimamente, ahora me acuerdo de lo que dicen quienes lo apoyan, ahora me acuerdo del individualismo y de la “cultura de la satisfacción”. A lo que trato de llegar es a expresar el temor que siento por lo que puede venir siendo parte de un pueblo que no recuerda y que es manipulado con tanta facilidad. Verdaderamente es miedo, porque soy consciente de la aceptabilidad de algunos, de la pasividad de otros, y de la falta de espíritu del resto. Somos los primeros en quejarnos, pero los últimos en actuar. El cuarto poder no nos va a decir qué podemos hacer, sólo va a mostrar lo que le convenga o lo que sea imposible ocultar.

Desde este lugar, y por ahora, sólo se me ocurre recomendar ese ejercicio mental de “hacer memoria” y de relacionar lo que pasó. Estando tan cerca las elecciones (aunque sean legislativas) no estaría mal, ¿no?

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